Goku y su legado

Antes de que lleguemos a Son Goku, es preciso que introduzcamos la obra en la que se inspiró Akira Toriyama para crear Dragon Ball. Viaje al Oeste (Wu Cheng’en, 1590) es una de las cuatro grandes novelas clásicas de la literatura china. En ella se nos cuentan las adversidades que hubo de superar el monje Tripitaka (602-664) durante los catorce años que le tomó llegar al Monasterio del Trueno, en la India, para recibir de la mano de Buda los sutras sagrados con los que rescatar al mundo de las seducciones terrenales.

Al comienzo de su periplo topará con Chu Ba-Chie, un humano aporcinado, rijoso y glotón que fue el Mariscal de los Juncales Celestes hasta que sus debilidades le separaron de la senda de la virtud. No mucho después se les unirá otro inmortal caído en desgracia, el Bonzo Sha. El quinto y último integrante de la expedición será el Príncipe Dragón del Océano Occidental, quien estará durante todo el viaje en forma de caballo blanco para llevar sobre su grupa a Tripitaka.

Hemos dicho quinto porque hemos dejado para el final al personaje más atractivo de cuantos aparecen en esta obra de 100 capítulos y casi 2300 páginas: Sun Wukong (en quien está inspirado Son Goku), el Apuesto Rey de los Monos, también llamado el Peregrino.

Natural de la Montaña de las Flores y Frutos, Wukong se inquietó cuando vio morir a uno de sus congéneres y vino en conocimiento del postrer destino que le espera a todo ser vivo. Fue entonces cuando decidió convertirse en un sabio inmortal, empresa a la que se entregó por encima de todas las cosas, lo que unido a sus dotes naturales le convirtió en una deidad capaz de sumir el Reino Celeste en el caos. Debido a su descarrío, Tathagata (Buda) lo atrapó en su mano y lo hundió en las raíces de una montaña, donde permaneció 500 años alimentándose de trozos de hierro y de cobre fundido hasta la llegada de Tripitaka, quien acompañado por estos inmortales habría de llegar hasta el Pico del Buitre, en la India, para hacerse con las sagradas escrituras mencionadas.

El videojuego Unruly Heroes (Magic Design Studios) está inspirado en Viaje al Oeste. Arriba, Wukong; abajo, Ba-Chie, Tripitaka y el Bonzo Sha.

El monje Tripitaka, a lo largo de sus 81 adversidades, será objeto de deseo de toda suerte de monstruos y demonios, pues su mucha virtud hace que su carne conceda la inmortalidad a cualquiera que la pruebe. Para impedir el fracaso de la empresa, Wukong tendrá que recurrir con frecuencia a su magia, sus 72 transformaciones (Goku aún tiene algunas menos) y su barra de los extremos de oro para convertir los cráneos de sus enemigos en pulpa y salvar la vida de su maestro. El Rey Mono, pese a estar gobernado por un instinto agresivo, no está exento de sabiduría y rectitud, a lo que hay que añadir un toque travieso que lo ha convertido en uno de los personajes más amados de la cultura literaria china.

El encanto del Peregrino es tal que ha inspirado docenas de creaciones en toda serie de formatos. Sin embargo, nos vamos a centrar en tan solo uno de estos personajes, en Son Goku, de Dragon Ball.

Todo millennial de bien, es decir, todo fan de Dragon Ball nacido en los ochenta o noventa, ha tenido que enfrentarse a la ignorancia de unos padres que encontraban inadecuado que sus hijos crecieran viendo dibujos violentos. Seguramente ninguno de ellos (de los padres de entonces, quiero decir) lea estas líneas, pero consideramos un acto de justicia enumerar todas las lecciones que aprendimos de Goku, aunque sea para satisfacción de aquellos hijos que tuvieron que sufrir la incomprensión paternal.

La naturaleza de Goku

Son Goku se nos presenta como un niño pequeño, redondo, bastante adorable, cualidades todas que encajan con la pureza de corazón y simplicidad que se intuyen desde las primeras páginas del manga. Es, en contraste, un luchador extremadamente dotado y fuerte que entrena duro para serlo aun más, y es gracias a esta pasión pura e innata que Goku se erige enseguida como un modelo de virtud imitable. Toda persona que pretenda alcanzar un objetivo debe henchirse de ese amor por la actividad, por el oficio, pues ese sentimiento es el combustible necesario para convertirse en un corredor incansable hacia sus propias metas.

Pero toda esta energía no puede ser canalizada sin disciplina, que es hija del conocimiento, y Goku lo encuentra primero en la figura de su abuelo adoptivo, Son Gohan, y después en el carismático viejo verde que es el maestro Mutenroshi. Ni las personas más talentosas y apasionadas tienen garantizado el éxito si no saben rodearse de gente sabia, por ello es imprescindible conservar, especialmente para el aprendizaje, la virtud de la humildad.

Decía Sun Wukong que la derrota y la victoria son cosas corrientes para quienes se dedican a la guerra, y cualquiera que sepa un poco sobre la vida sabrá apreciar la verdad de esta sentencia. Los más egocéntricos suelen ser abyectos en la derrota, porque han hecho suyo el ridículo axioma de que un mal perdedor es, por consiguiente, un buen ganador. Goku es derrotado innumerables veces a lo largo de la historia (Mutenroshi, Tao Pai Pai, Ten Shin Han…), pero siempre encaja la derrota sereno, digno, deseoso por empezar a entrenar cuanto antes para superar sus límites. La derrota es un estímulo para el propio perfeccionamiento, una razón para seguir adelante y alcanzar los objetivos: «Debo perder para poder ganar después», afirmaba también el Rey Mono. Esta idea es implantada por Toriyama a través de una metáfora maravillosa en la naturaleza de los saiyajin, raza a la que pertenece Son Goku. Estos guerreros, cuando son derrotados y se recuperan de sus heridas, incrementan su fuerza y velocidad (zenkai), y cuanto más poderosos hayan sido sus rivales y más dolorosas sus derrotas, más potencia son capaces de desarrollar una vez restablecidos. En la vida ocurre exactamente lo mismo. Existe cierto grado de conocimiento que solo está reservado para los más audaces, para los que se atreven; porque la tribulación, el sacrificio y el esfuerzo confieren enseñanzas que raramente pueden ser absorbidas de los libros. Mientras que las mentes más débiles y maleables se deforman y quiebran por las abrasiones de la vida, las más nutridas de conocimiento se endurecen como el hierro en el horno: «Nunca serás un auténtico hombre (o mujer) si no eres capaz de soportar el más espantoso de los dolores».

El refinamiento de las aptitudes es un proceso que debe acabar con la misma vida, porque por muy fuerte, talentoso o sabio que sea uno, siempre hay otro que le supera. Goku encontraba motivación en la derrota y estallaba de alegría cada vez que conocía a alguien más fuerte que él, porque eso le daba una razón para pulir sus talentos y fortalecer su cuerpo. Su ejemplo es inspiración para los momentos en que más necesario es rehacerse: cuando nuestras espaldas chocan contra el piso.

Pero Dragon Ball es también una historia de amistad. La autenticidad de Son Goku, el paradigma que constituye para todos los que traban relación con él, incluidos sus enemigos, deja una honda huella que a la postre, y de forma no pretendida, les hace replantearse sus acciones: Bulma, Woolong, Krilín y, en definitiva, todos los personajes que en un principio pretendieron engañar a Goku terminan no solo amándole, sino que experimentan un arco que los transforma en mejores personas (o mejores cerdos, en el caso de Woolong). Lo mismo ocurre con casi la totalidad de villanos (Yamcha, Ten Shin Han o Piccolo), que en sus intentos y obsesiones por superar a Goku terminan convirtiéndose en hombres de mayor virtud. La paradoja de Dragon Ball es que no es el protagonista el que evoluciona, sino el resto de personajes, que como planetas giran alrededor del sol que supone el pequeño saiyajin para nutrirse de su luz y calor. Tal es lo que ocurre también en la vida, porque hay personas cuyas cualidades, carisma y obras suponen una motivación para otras y las ayudan a mejorar, y esta analogía es precisamente una de las cosas que hay que exigirle al arte: que sea un espejo que refleje una cara de la realidad capaz de inspirarnos, como Son Goku.

Goku

Son Goku: «El poder viene en respuesta a una necesidad, no a un deseo. Tienes que crear esa necesidad.»

Algunas de las sentencias de Sun Wukong y del resto de personajes de Viaje al Oeste:

-Sun Wukong: «Aunque practiques el bien durante más de mil días, no conseguirás traer la perfección a este mundo; pero si cedes una sola vez al empuje del mal, contribuirás a que el odio se apodere para siempre de él».

-Bonzo Sha: «La consideración hacia los demás es, en realidad, consideración hacia uno mismo».

-Chu Ba-Chie: «Quien ha sido tu maestro se convierte en padre tuyo para toda la vida».

-Sun Wukong: «Cuando hayas hecho los suficientes méritos, el triunfo acudirá a ti de una forma totalmente natural».

-Sun Wukong: «La inteligencia nunca para, mientras que la estupidez siempre descansa».

-El gato vencedor se cree que es un tigre.

-Sun Wukong: «Por muy feos y raros que sean los rasgos de un rostro, no debe olvidarse que hasta la pieza más fina de jade se esconde en el interior de una roca vulgar».

-Las mentes ligeras y las voluntades débiles jamás llevan a buen término lo que inician.

-Sun Wukong: «No hay montaña capaz de poner freno a un camino».

-Devaraja Li: «Sin entrar en la guarida del tigre, nadie es capaz de atrapar a sus crías».

-Bonzo Sha: «Compras un burro viejo por tres monedas de cobre y enseguida te pones a hablar de lo buen jinete que eres».

-Tripitaka: «El virtuoso no pregona sus obras; el que lo hace no es realmente una persona de virtud».