Cómo escribir un libro de fantasía épica

La fantasía épica es un género que puede parecer más fácil de cultivar que otros, habida cuenta de las posibilidades que ofrece la imaginación; pero escribir fantasía que en verdad merezca la pena es toda una hazaña. Son precisamente esos innumerables senderos creativos los que tienden a extraviar al escritor en desatinos y le hacen obviar lo fundamental. Después de haber escrito mi primera novela, La Compañía Negra, quisiera compartir aquí algunas de las enseñanzas que me ha regalado el proceso.

10 aspectos que todo autor debe tener en cuenta antes de escribir fantasía épica.

Consejos para escribir fantasía

1. Mapa

Toda novela fantástica que se precie debe tener un mapa adjuntado, pero no debes dibujarlo hasta que termines la novela. Tu objetivo es vencer (es decir, escribir fantasía épica en una obra que te brinde satisfacción personal y que tenga posibilidades de despertar pasión entre los lectores), así que sé astuto y no dispongas las reglas del juego hasta que no descubras tus puntos fuertes. Quiero decir que detallar un mapa con apenas un mar pequeño y desamparado sería un error si, por ejemplo, después descubres que se te da de maravilla narrar batallas navales, porque no tendrías muchas más ocasiones de desplegar tu talento.

Debes tener un idea aproximada de tu mundo: aquí una ciudad inspirada en la Florencia renacentista, allá una región donde hay muchos lagos y famosa por la belicosidad de sus gentes, acullá una talasocracia pirática y libertina, etc. Vale, eso está genial. Pero no dibujes ese mapa hasta que la obra esté concluida, porque ello te permitirá diseñar de forma apropiada las piezas del rompecabezas para después hacerlo encajar a la perfección cuando toque escribir fantasía.

2. Historia

Muchas obras fantásticas (incluso las geniales, que son tristemente escasas) tienen una historia del mundo de decenas de miles de años. Sin embargo, esto es una exageración. La historia del planeta Tierra desde los egipcios a esta parte apenas comprende algo más de 5000 años: ¿consideras que han pasado pocos eventos, se han levantado y derrumbado insuficientes imperios o que tan solo ha habido alguna que otra guerra a lo largo de estos siglos? No se nos escapa que Tolkien, que es nuestro padre (el de los que pretendemos escribir fantasía épica con mayor o menor acierto), diseñó una historia larguísima con varias edades y el resultado fue maravilloso, magnético. Pero si diseñas una historia demasiado larga, es muy posible que tengas que dejar muchos intervalos huecos, que tu universo adolezca de falta de consistencia y, por consiguiente, pierda veracidad.

Antes de empezar a desarrollar la trama y ponerte a escribir fantasía, debes tener un marco cultural e histórico en mente. De lo contrario, te resultará muy difícil arrancar. Para escribir una novela histórica, tienes que informarte a conciencia del período en cuestión: qué hábitos tenían, qué religión profesaban y mil variables más. Ese trabajo que en una novela histórica es de información, para quien intenta escribir fantasía también es de creación. Tómate tu tiempo y, mientras estás en el sofá o en la cama, coge la agenda y anota las ocurrencias valiosas que alumbres para crear ese marco en que encuadrar tu novela.

La trama, de la que después hablaremos, debe tener trascendencia histórica. En la fantasía épica todo debe ocurrir a lo grande: tu historia no puede versar sobre una guerra regional ni sobre las intrigas del ayuntamiento de una villa. Eso puede estar bien para una trama secundaria, incluso para una precuela que escribas tras haber vendido cientos de miles de ejemplares, cuando tengas una masa de lectores clamando por cualquier gota de tu incomparable mundo. Pero si eres un recién llegado y quieres escribir fantasía, la trama de tu historia principal debe tener una resolución de trascendencia continental o mundial en la historia del mundo creado.

3. Mitología

La mayoría de obras fantásticas bebe de una o varias mitologías que la sustentan y dan forma. Si quieres elaborar religiones, costumbres, leyendas o relatos accesorios que enriquezcan tu mundo cuando te pongas a escribir fantasía, debes beber de fuentes celtas y escandinavas, caminar por olivares grecolatinos, perderte en bosques germánicos y eslavos, vagar por desiertos arábigos e incluso hollar arrozales de la lejana China. Además, también puedes aportar el folclore de la región en que te has criado, el cual puede ser muy interesante y novedoso. Todo ello te proporcionará distintas culturas que podrás volcar en tus civilizaciones cuando llegue la hora de escribir fantasía. Cuanto más profundas sean tus raíces y más vastos tus conocimientos, mayor será la fuerza de tu impronta personal. No olvides que el lector, aunque desconozca las claves del genio, es capaz de detectarlo y apreciarlo.

Por otro lado, hay personajes y héroes mitológicos que te pueden servir de inspiración para tu obra: la rabia de Aquiles, el ingenio de Ulises, la valentía de Diomedes, la piedad de Eneas, etc. La inspiración existe, pero debe encontrarte trabajando. Y leyendo.

4. Archivo

Escribir fantasía implica un trabajo creativo desmesurado. Quiero decir que no solo basta con crear la trama y los personajes, sino también el marco en que se desarrollan. Esta circunstancia, la creación de ese mundo con todas sus culturas, naciones, religiones, costumbres, razas y poblaciones requiere una imaginación en constante alumbramiento que precisa un archivo donde depositar todos los vástagos. Antes de haberte dado cuenta, tu teclado habrá generado varias religiones y naciones; docenas de accidentes geográficos y ciudades; cientos de personajes secundarios con sus características físicas, vestimentas y jergas propias, etc. Es preciso que seas previsor y desde la página uno tengas un archivo donde registrar todos los atributos de personajes, ríos, ciudades, dioses.

Además, es también aconsejable que tengas un segundo archivo para todo lo que aún no has plasmado en tus páginas, pero que tienes intención de crear en un futuro. Para escribir fantasía, la creatividad exigida es tanta que cualquier idea, por poco importante que parezca, puede darte salida en un atolladero creativo o enriquecer una escena añadiendo un pequeño detalle.

Debido al elevado coste intelectual que implica la creación de un mundo fantástico convincente, los autores que intentamos escribir fantasía épica tendemos a elaborar historias que requieren varios libros para ser contadas. A veces tenemos una buena idea que no es apropiada para lo que estamos escribiendo ahora, sino para lo que creemos que sobrevendrá en el segundo libro, o en el tercero, o el cuarto; y es conveniente anotarla, pues pueden quedar dos, o tres, o cuatro años para escribirla.

5. Cumple las reglas

Los estereotipos son redundantes, presuntuosos, evidencian una mente carente de creatividad y los ojos del lector pueden ver su hedor. Pero los arquetipos funcionan. Hay estructuras narrativas que se han mostrado funcionales, al menos, desde los antiguos griegos. Una de estas estructuras, muy recurrida en el género fantástico, es el viaje iniciático del héroe que debe atravesar un sinfín de dificultades muy lejos de su hogar, para convertirse en la persona que debe llegar a ser.

Esta fórmula puede ser un lecho adecuado para que tu trama fluya. A partir de esta base, incluye tu perspectiva literaria, tus toques culturales, aporta tu originalidad y tu genio creativo. Pero no intentes escribir fantasía reinventando el género en tu primera obra. Cuando hayas publicado más de una novela y tu talento se vea obligado a reconvertirse para sorprender a tus lectores, que ya serán fieles seguidores, podrás experimentar y tratar de abrir nuevos cauces en el género.

Trucos para escribir fantasía (y otros géneros):

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6. Personajes

El valor de tus personajes es el valor de tu libro. Grábate esta máxima a fuego en la mente. Es conveniente que, más allá de una idea intuitiva, escribas en algún lado (¡en el archivo!) las cualidades que quieres que tenga tu personaje. Por ejemplo: sabio, lujurioso, valiente, misógino. Bien. Si estas son las cuatro cualidades principales que construyen la personalidad de tu prota (o de tu villano), debes idear al menos una gran escena para mostrar cada una de ellas. La descripción no nos sirve: el lector está dispuesto a creerte, pero no pongas su fe a prueba. Debes ofrecerle una escena (tal vez la culminación de un capítulo) en la que se manifieste de forma inequívoca la cualidad. Estudiemos la cualidad de la lujuria: no nos vale que engañe a su mujer mientras ella cuida de su hijo recién nacido; esto es tristemente mundano y podría hacerlo cualquiera. La clave es que el lector piense: «¡Joder! Yo sería incapaz de hacer esta mierda». Tal vez tu hombre (o mujer) debiera acostarse con la hija adolescente de su mejor amigo, o dejarse seducir por la nueva esposa de su padre y ser desvirgado en una cuadra, o incluso forzar a su propia prima por haberle provocado una erección tras saludarla en el zaguán.

Lo ilustraremos con un caso práctico por todos conocido. Piensa en el hombre o en la mujer de quien estás enamorado. Vale. ¿Harías cualquier cosa por esa persona? Desde luego que tu respuesta ha sido afirmativa. Bien: ¿arrojarías a un niño inocente de nueve años desde lo alto de una torre por amor? Ya. Yo tampoco lo haría. Pero Jaime Lannister lo hizo para mantener a la mujer a la que amaba y a los tres hijos que tenía con ella a salvo. Un acto de amor espeluznante, propio de un sociópata, pero comprensible si somos capaces ir más allá. He ahí otra clave de los actos que muestran cómo son los personajes: su complejidad, porque en función de las experiencias personales y predisposiciones naturales del lector, tenderá a ver dichos actos como un terrible crimen o como un acto admirable.

Habrás advertido que anteriormente hemos enumerado dos cualidades positivas (sabio, valiente) y dos negativas (lujurioso, misógino). No es casualidad. No es condición necesaria que un personaje deba tener un lado oscuro, pero a menudo es aconsejable. ¿Por qué? Le otorga complejidad, y si bien todos tendemos a creer que hay más bien que mal en nuestro interior, cualquiera es capaz de tener en un momento dado conductas reprensibles. Y toda obra literaria ha de aspirar a ser reflejo de la vida misma. Estos personajes provocan un choque de sensaciones adictivo en el lector: les hace estar muy pendientes y hasta temerosos en cada página, porque no saben cómo resolverán el final de cada escena (¿se impondrá la faceta intelectual? ¿Triunfará su lado lujurioso?).

Estos contrastes, sin embargo, deben hacerse con cierta estrategia si quieres escribir fantasía épica de calidad. Si tu personaje es un psicópata que disfruta haciendo sufrir a los demás, es conveniente que antes de ofrecer al lector un montón de escenas en que tenga ocasión de mostrar su perversión, le muestres que también es capaz de llevar a cabo actos de bondad. Si al principio del libro creas una escena en la que visita a los huérfanos del hospital de la ciudad, conseguirás una conexión con el lector para soportar los actos de perversión que sobrevendrán. Tu talento y agudeza deberán determinar con qué frecuencia debes alimentar esa parte buena para que el lazo prota-lector no se rompa.

En resolución, si tu obra tiene tres protagonistas y cada cual debe mostrar cuatro cualidades principales, lo adecuado sería que idearas doce escenas culminantes para mostrarlas, es decir, para mostrar a tus personajes. Una vez más, tu talento y bagaje literario e intelectual deberán resolver el rompecabezas de tal forma que la trama fluya, la historia enganche y los personajes crezcan mientras despiertan pasiones.

7. Trama

En primer lugar, tienes que tener clara en apenas una frase la síntesis de tu trama. Por ejemplo: «Una hija quiere vengar la muerte de su padre». «Un caballero debe probar su inocencia antes de que los guardias del rey lo prendan y ahorquen». «Una adolescente se escapa de casa para cumplir su sueño de dar la vuelta al mundo». Una vez tengas el sinfín de acontecimientos que tienes pensados sintetizados de esta forma, es decir, una vez tengamos el rumbo, comenzaremos a navegar hacia nuestro destino haciendo paradas en cada uno de los puertos acordados. Los puertos, obviamente, son esos acontecimientos: esto incluye todas las escenas en las que debes mostrar las cualidades de tus personajes, así como su crecimiento y desarrollo. Otros acontecimientos a incluir son, además de la demostración de las cualidades de tus protagonistas, las vicisitudes a las que vas a someterlos: a fulanito le matan a un hijo, a menganito le violan a la novia delante de sus ojos, a zutanito le sacan un ojo con un cuchillo al rojo, etc. Las cualidades muestran al héroe; las vicisitudes, además de despertar la empatía del lector, son actos (los más de ellos traumáticos) que supondrán una evolución psicológica en el personaje.

Como puedes ver, la relación entre la trama y los personajes es muy estrecha. Podría decirse que la calidad de la una repercute inevitablemente en los otros y viceversa. Es conveniente que tengas presente esta relación cuando debas corregir desajustes, pero también a la hora de idear una trama o subtrama o de crear un nuevo personaje. Ciertamente, en función del personaje que quieras desarrollar o hacia donde lo quieras hacer evolucionar, deberás decantarte por una determinada trama o por otra. Si, por ejemplo, quisieras desarrollar un personaje traicionero, no tendría mucho sentido que fuera un viajero errante que no se relaciona con nadie. Convendría sembrar una relación de amor o amistad sólida durante varios capítulos para luego cosechar la traición más abyecta, destapar al personaje y sorprender al lector.

La trama siempre progresa a través del conflicto. Los personajes evolucionan a través del conflicto. Debes escribir fantasía a través del conflicto. El conflicto, junto con las contradicciones, supone el motor del drama.

8. Viaja

No es lo mismo investigar sobre los detalles arquitectónicos del Acrópolis de Atenas (lo cual es útil y puede ser incluso condición suficiente) que caminar sobre la colina sobre la que fue construido. Hay calles, paisajes, edificios, ciudades o monumentos que transmiten un nosequé. La sugestión que ejercen sobre nuestra psique es capaz de causarnos sensaciones que pueden otorgar un valor añadido a un elemento ficticio que, el día de mañana, inspirados por el elemento del mundo real que nos causó aquel impacto, describamos en nuestro mundo fantástico.

«El que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho», decía Cervantes. Así que aplícate esta máxima de nuestro otro padre (el de los que cultivamos las letras españolas, también con mayor o menor acierto). No hay razón para que te creas excepcional  e ignores sapientísimos consejos que te permitirán tal vez no alcanzar el éxito, pero sí convertirte en la mejor versión de ti mismo.

9. Lee

Obvio, ¿no? Vivir experiencias intensas, viajar por lugares especiales y leer constituyen la santísima trinidad de la inspiración literaria. Picasso (otro padre, aunque no el nuestro) decía que la inspiración existe, pero ha de encontrarte trabajando. Para escribir fantasía deberás picotear temas diversísimos, porque tu misión, además de construir una trama con personajes atractivos, es crear un mundo entero. La historia es una fuente imprescindible, porque escoger capítulos apasionantes como la guerra de las Galias, la Reconquista, la Batalla de Lepanto o las intrigas de César Borgia en la Italia renacentista pueden ser de gran ayuda para inspirarte y escribir fantasía.

La ficción, por otro lado, es otra de las fuentes obligadas. Ya no solo de fantasía épica, para aprender de Canción de Hielo y Fuego, El Señor de los Anillos o Crónica del Asesino de Reyes; sino también obras ajenas al género que nos pueden aportar otras herramientas necesarias para escribir fantasía. Por ejemplo: La Isla del Tesoro (aventuras), Los Tres Mosqueteros (amistad), Quo Vadis (amor), Shakespeare (conocimiento del alma humana), La Ilíada (épica clásica) e infinidad de etcéteras.

10. Vive

El conocimiento que obtenemos a través de los libros es maravilloso, porque tener acceso a la mente de genios como Dante, Machiavelo o Dumas es un regalo divino que el arte de la escritura nos ofrece. Pero existe también otro tipo de conocimiento que es difícil adquirir a través de vías ajenas a la experiencia. Arriésgate, sé valiente, sal de tu zona de confort, elabora una estrategia de desarrollo persona e intelectual. Debes ver la vida como una oportunidad de disfrutar, pero cuando no pueda ser así, cuando te toquen pasar algunas de las vicisitudes que parecieran más reservadas a uno de tus personajes (la muerte de un amigo, de un familiar; la pérdida de un amor que parecía destinado a ser para siempre, etc.), ¡APRENDE! Ve la vida como una oportunidad de excederte a ti mismo, como una batalla en la que te has propuesto sobrevivir e imponerte.

La sabiduría es una forma de fuerza, así que oblígate a salir más sabio y fuerte de cada una de las dificultades de la vida.